Comidas intimas de familia

Estas son una de las reuniones que más afirman los lazos entre los individuos de una misma familia.

Como en las demás, las flores naturales son la mejor decoración.

En estas comidas, no suelen pasar de tres a cuatro los convidados. Los manjares, aunque más sencillos, precisa que estén muy bien condimentadas y en su punto.

En cuanto a las atenciones, no será obstáculo la mayor confianza para guardar especial consideración y cariño a los invitados, pues no por ser más allegados se les ha de demostrar menos deseos de agradarles y de que estén menos satisfechos que los extraños.

En estos casos, los objetos del servicio pueden ser los de diario, pero con mayor abundancia. La vajilla no ha de tener desperfectos y la plata y el cristal han de brillar con la limpieza más exagerada.

Generalmente se sirven en esas comidas, además de la sopa, tres platos, que consisten en un frito, uno de pescado y un asado.

En estas comidas de familia, puede servirse el café en la mesa del comedor, después de levantar los manteles.

Entonces se despide a los criados, la charla es más interesante y sucede a menudo que esas comidas, más sencillas y desprovistas de lujo y exagerada variedad de viandas, son las que mejor sientan y más satisfacen.

Nota. — Antiguamente se solía esperar unos minutos cuando faltaba algún convidado. Hoy, no se espera a nadie y con ello se evita que se estropeen platos que han de servirse recién hechos.  A la hora filada, se anuncia que la comida está servida y todos pasan al comedor, sin más ni más.

El invitado que no llega a su debido tiempo comete una incorrección. También la persona que acepta una invitación debe olvidarse de toda clase de supersticiones tales como el número 13, los cubiertos colocados en cruz, la sal derramada, etc.

El que asiste a una comida está moralmente obligado a encontrarlo todo bien hecho, pasando por lo que todos pasan.  Debe disculpar amablemente cualquier falta, un guiso mal preparado, alguna omisión o distracción que con él pudiera tenerse.  En una palabra, debe mostrarse satisfecho de todo, aunque no lo esté, pues la cortesía y buena educación exigen esta ligera hipocresía.  De lo contrario se pondrá en ridículo, pasando por la persona mal educada y falta de trato social.

En las comidas de ceremonia son preferidos los domésticos del sexo masculino, vestidos de negro, con frac y corbata blanca.

Para las comidas de menos cumplido sirven las doncellas y criadas, vestidas también de negro, con delantales, cuellos y puños blancos.

Al entrar en el comedor, éste debe ofrecer un as-pecto alegre y animado. Estará profusamente iluminado y adornado de flores para que esto, unido a la blancura inmaculada de la mantelería y el brillo del cristal y la plata, cause el mejor efecto en el ánimo de los comensales.

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