v) Algunos consejos

Cuando se está acostumbrado a comer diariamente con corrección y se obliga a los criados a servir como es debido, al tener convidados les servirán la comida con la soltura y el desembarazo que da la costumbre, y los comensales no se sentirán cohibidos ni extrañados ante ningún utensilio del servicio, siéndoles éstos familiares por el uso constante.

A pesar de esto, cuando se trata de una comida de cumplido, conviene hacer a los criados las oportunas advertencias para que no cometan ninguna omisión o torpeza.

Si la cometieran o dejasen caer de las manos algún objeto, por precioso que éste sea, los dueños de la casa no se darán por enterados, lanzando miradas ceñudas, ni menos reprendiendo a los criados, aunque sea en voz baja. Esto es de pésimo gusto y sólo con-duce a hacer más ostensible la falta, aumentándola hasta el ridículo.

El que convida está obligado a que sus invitados se encuentren satisfechos todo el tiempo que en su casa permanezcan.

Debe tenerse con todo un tacto exquisito y el anfitrión que está finamente educado no hace diferencias entre sus convidados, tratando con la cortesía más cariñosa, lo mismo al más encopetado personaje que al de modesta posición.

En las comidas de más o menos cumplido debe procurarse, al hacer las invitaciones, reunir a personas de buen carácter y que puedan hallarse satisfechas de verse juntas a menos que se tenga algún especial motivo para invitar a otras de más difícil trato.

En la mesa es preciso evitar las discusiones y una de las obligaciones de los dueños de la casa consiste en procurar que se hable de cosas amenas y que reine la alegría y la concordia entre sus convidados.

Es de pésimo gusto insistir como antaño se hacía para que los convidados tomen esto o aquello, atiborrándoles de viandas que rechacen. Hoy día cada cual toma lo que más le apetece, y si alguien gusta repetir, cada vez que se sirve un manjar, los criados vuelven a pasar ante los comensales, invitándoles a servirse de nuevo antes de cambiar de plato.